Enzo G. Castellari, premio honorífico del Festival Isla Calavera

Enzo G. Castellari

La entrega del Premio Honorífico y previa proyección de 1990: Los guerreros del Bronx (Enzo G. Castellari, 1982) del reputado director de spaghetti western Enzo G. Castellari en el Festival Isla Calavera, con una posterior charla con el creador acerca de la película, su carrera y diversas anécdotas, tuvo lugar ayer, 24 de noviembre.

Durante el transcurso del filme, el público disfrutó de las conocidas escenas a cámara lenta, sello de Castellari, la violencia gratuita y el estilo punk-fantástico. Los espectadores solaparon los efectos sonoros con sus risas y aplausos en diversas ocasiones en un ambiente de complicidad con el director.

Una vez finalizada la cinta, se reprodujo un vídeo recopilatorio sobre la trayectoria cinematográfica de Castellari tras el cual Ramón González, coordinador del Festival Isla Calavera, le entregó el premio honorífico. A continuación, dio comienzo el coloquio.

“En cada encuadre y plano que hago siempre pienso si me va a gustar sentado en la butaca”


La primera cuestión fue sobre las sensaciones del director al visualizar su obra 36 años después del estreno en las salas de cine. Castellari destacó la lentitud y obsolescencia del montaje, añadiendo que “en aquel entonces era así, pero ahora ya cuesta ver algo como esta película, por la rapidez de los montajes. Si la hiciera hoy en día, la haría de otra manera”.

Lucas Morales, periodista y entrevistador, resaltó la heterogeneidad de la carrera de Castellari, como director, guionista y actor, preguntando acerca de la función preferente de este. A lo que el entrevistado contestó: “He tenido la oportunidad de probar todo, y eso es magnífico. No sé qué experiencia me ha gustado más, no podría elegir entre todas. Pienso que dirigir es genial, pero sentarse detrás del ordenador y saber que estás inventando lo que vas a rodar luego. Estoy inventando para el público. En cada encuadre y plano que hago siempre pienso si me va a gustar sentado en la butaca. Todo lo que hago es porque me guste a mí como espectador, no como director”.

A pesar de ser su primera vez en Tenerife, Castellari ha estado en numerosas ocasiones en España para rodar varias de sus películas. Como muchos directores italianos de su generación, se inició en el género del spaghetti western en los sesenta. El director habló de esta experiencia que recuerda con mucho cariño: “De todos los rodados en España, el que más me gustó y recuerdo es El largo día del Águila (Enzo G. Castellari, 1969).  Fueron unos años fantásticos y es una película que volvería a rodar. Tengo el sueño de volver a rodar algo así. Una pena que ya no esté el genio de Emilio Ruíz del Río. Lo recuerdo con todo el corazón.  Aconsejo ver su documental El último truco (Sigfrid Monleón, 2008)”. Este se emitirá hoy, 25 de noviembre, en el Festival Isla Calavera.

'Keoma', (Enzo G. Castellari, 1976)
‘Keoma’, (Enzo G. Castellari, 1976)

Un diálogo lleno de anécdotas


En la sala se distinguía un ambiente relajado y cercano que favoreció el relato por parte de Enzo G. Castellari de diferentes anécdotas acerca de su trayectoria profesional. Como por ejemplo, la de su primera cinta, Voy… lo mato y vuelvo (Enzo G. Castellari, 1967), en la que al comienzo mataba simbólicamente a Clint Eastwood, Franco Nero y Lee Van Cleef, consagrados actores del género western, como de forma de “arranque llamativo”.

Una de las anécdotas más reseñables del coloquio se basó en Keoma (Enzo G. Castellari, 1976), la que define como su película favorita. “La temporada western había terminado, pero Franco Nero y yo planteamos la posibilidad de hacer una más. Conseguimos apoyo, pero yo me encontraba terminando la película El Gran Chantaje (Enzo G. Castellari, 1977) y Franco en Alemania grabando otra, así que no pudimos discutir en persona. El guion llegó el segundo día de grabación, porque no podíamos esperar más. Me pareció una mierda, pero de las más grandes. El productor me preguntó qué hacemos y yo le respondí que buscaría alguna forma de solucionarlo. La idea estaba, solo había que inventar la escena”. Con respecto a la historieta, el entrevistador comentó los rumores sobre la posibilidad de una segunda parte del filme mencionado. El entrevistado no desmiente ni afirma lo dicho, sino deja en el aire la oportunidad de realizarla.

Morales planteó que Franco Nero es el actor fetiche de Castellari, a lo que este añadió: “Cuando me llamaron para hacer mi primer película italiana policiaca, necesitaba una star y el más conocido por aquella época era él. Conseguí ponerme en contacto con él gracias a su peluquera personal que también era la encargada de las películas de mi padre, por lo que era como una hermana. En principio, se mostró desinteresado, pero aceptó y a partir de ahí nos dimos cuenta de que tenemos muchos gustos en común”.

El entrevistador mostró interés por las raíces cinematográficas de la familia de Castellari. Este habló de la profesión de su padre como director de cine y como su infancia estuvo marcada por los set de rodajes, las sesiones de montajes y el material de trabajo, que fueron determinantes para el desarrollo de un joven Enzo en el mundo del cine.

Salió a colación uno de los temas más actuales entorno a la figura de Castellari, debido a numerosas declaraciones de Tarantino elevándolo como uno de sus grandes referentes. “La relación con Quentin ha sido más con sus abogados. La gente me decía que él me mencionaba muchos en sus discursos, pero yo nunca he leído una de sus entrevistas. Un día se puso en contacto conmigo porque iba a hacer Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009). Los contratos fueron un rollo. Quedamos para ver la original. Quentin apareció gritando ‘maestro’. Se sabía toda la película, adelantaba las líneas del dialogo. Cuando algo le gustaba, me daba un golpe diciendo ‘fuck you, man’. Cuando comenzó a grabar, quiso añadir mi escena. Estuvo un mes en Berlín porque también quería que estuviera en el set. Fue una maravilla ver a una producción americana”, comentó el director con entusiasmo.

Por último, Morales alabó los encuadres finos y precisos del director. Castellari conecta esta faceta con sus estudios en Bellas Artes y Arquitectura, añadiendo que visualiza cada plano como si estuviera pintando.

El acto culminó con una firma de autógrafos por parte de Enzo G. Castellari, que afirma que le encantaría volver a la isla, de una forma muy cercana y simpática acorde al tono de su discurso durante todo el evento.