Batman y su iconografía

Superman vs. Batman. Fuente: Cenet

Se acerca 2019, año en el que el personaje de Batman cumplirá ochenta años y en el Aula de Cine hemos querido adelantarnos y hacer un recorrido histórico/iconográfico del Hombre Murciélago. En este artículo se pretende descubrir ciertos detalles que hacen entender el culto a este personaje y su incondicional atractivo por parte de sus fans. El Caballero Oscuro se relaciona con varios aspectos desarrollados en el mundo de la cultura. Apreciaremos pues, que Batman está muy ligado a teorías que sobrepasan los siglos y de alguna manera, su iconografía se puede relacionar con la Historia del Arte.

El personaje creado por Bill Finger y Bob Kane en los años treinta del pasado siglo no es más que una reencarnación de teorías e historias que ya se contaron en un tiempo determinado, y que para sorpresa del lector, los orígenes de Batman pueden llegar a rastrearse en la obra de figuras ilustres como Leonardo Da Vinci en el siglo XV, o Hesíodo y Homero en la antigua Grecia.

Con la llegada de Batman tres años después de Superman, se mostraba al mundo dos maneras de ver la vida y así mismo dos formas distintas de comportamiento: Superman era un personaje racional y apolíneo, en cambio Batman representaba lo dionisíaco. Clark Kent luchaba por la igualdad y la justicia, en cambio Batman lo hacía por venganza mostrando escenas de mayor violencia. Uno representa al ave más fuerte de la naturaleza, el águila, el otro, un animal que se esconde por su fealdad y que por lo tanto no intenta buscar la fama y el reconocimiento, el murciélago.

Batman tiene sus reminiscencias en la cultura antigua
‘Grado de murciélago’, de Gustave Doré.

Visión utópica y realista


Con el Caballero Oscuro, el color negro prevalece sobre todas las cosas frente a la eterna iluminación de las mallas rojas y azules del Hombre de Acero. Incluso se ha llegado a entrever en las historias de estos personajes que hay un mensaje político detrás de los mismos. Las connotaciones de dichos colores mostraban a un Superman que representaba una sociedad positiva y casi utópica estadounidense, mientras que Batman mostraba la cruda realidad de la misma, saliendo a la luz todo lo marginal que una ciudad americana podría ser (drogas, violencia, corrupción…).

En ambos se utiliza un mismo escenario, la ciudad de Nueva York como Metrópolis en Superman y Gotham en Batman. En ambos espacios se puede apreciar los diferentes puntos de vista de los autores de un mismo contexto. Los años treinta y cuarenta fueron las fechas en las que Nueva York era protagonista en los cómics de los dos superhéroes que “combatían” con el peor villano de todos los tiempos, Adolf Hitler. Metrópolis era quizás una visión demasiado positiva y utópica de una futura Nueva York, mientras que Gotham fue y todavía es una distopía, ya que en las actuales adaptaciones del cine, Gotham es la ciudad en la que vemos los problemas sociales del mundo de ahora: el miedo al terrorismo, la violencia, la marginalidad, la pobreza, la corrupción, el tráfico de drogas…etc.

Entrando ya en la relación de Batman con la cultura y el arte, la figura del Hombre Murciélago no es más que un compendio de varias ideas tanto del hombre como de la naturaleza misma. El Hombre Murciélago ya existió en la Odisea de Homero. El inteligente Ulises fue lo que sería Bruce Wayne siglos después: un hombre inteligente, sin superpoderes, que vencía a los villanos con su audacia e ingenio. Batman, el único “superhéroe” que no tiene superpoderes, utiliza su dinero para crear sus armas y sus virtudes psicológicas para aterrorizar a los criminales, concretamente el miedo, como herramienta perfecta para vencer a los villanos. Para despertar ese miedo en los enemigos, Batman utiliza la imagen de un murciélago.

En la cultura occidental, el murciélago siempre se ha visto de forma negativa desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Para los griegos, el murciélago era un animal de aspecto siniestro y fantasmal, al igual que misterioso, ya que fue considerado símbolo de inteligencia por su habilidad para volar por la noche sin tropezar con los obstáculos. En las representaciones de Satanás u otras criaturas diabólicas se nos muestra un ser con alas de murciélago a diferencia de los ángeles –sirva de ejemplo Gustave Doré, que también recurrió a la iconografía del murciélago para la representación de Satanás en el poema El paraíso perdido de John Milton–. Durante el Renacimiento, autores como Alberto Durero representan al murciélago aludiendo siempre a algo negativo, al igual que Francisco de Goya a finales del siglo XVIII, que lo utilizó como símbolo de amenaza.

Dibujo de 'Batman'
‘Bartman Da Vinci’, de Bob Kane.

Leonardo Da Vinci también se influenció de la fisionomía del quiróptero para crear alguno de sus artilugios. En los planos de construcción para su máquina voladora observó que el cuerpo de este animal podía servir como modelo. Uno de sus dibujos ilustra claramente que la forma de las alas muestran cierta similitud con sus extremidades.

Batman como icono popular


En general, nos parece un animal sobrenatural, relacionado con lo que no llegamos a comprender del todo, causa del miedo que desprende este ser de la naturaleza, víctima de numerosas leyendas, vampiros, brujas, Satanás y un largo etcétera de personajes relacionados con el mal, la noche y la oscuridad. Suele representar así el lado más instintivo del hombre, más humano y a la vez la parte menos pública; el ser que escondemos, nuestro álter ego más oscuro.

Después de un repaso a lo más elemental de su iconografía, vemos cómo Batman se convierte así en una imagen hoy en día muy popular. El cine y el cómic se encargan de elevar a esta figura a nivel de símbolo, de icono, de leyenda.

El Hombre Murciélago en toda su complejidad muestra las cosas en común que tenemos todos los seres humanos, como por ejemplo el eterno miedo a lo desconocido. Crear a un “superhéroe” humano en su totalidad, ha calado hondo en la cultura popular. Una iconografía que se ha ido adaptando al gusto de cada tiempo. Tanto la estética como la psicología del personaje han variado (manteniendo siempre su esencia) por según qué manos de autores y qué tiempos lo han tocado. Precisamente por esa adaptación a las generaciones de cada época, Batman se ha convertido en inmortal.