Algunos contertulios buenos, a lo Nicholson

'Algunos hombres buenos', (Rob Reiner, 1992)

Para quien escribe estas líneas, fue todo un placer y un honor introducir una película de estas características. Como cinéfilo, el ciclo Jack Nicholson está resultando memorable. La selección de títulos es completísima. Como abogado en ejercicio, y como Co-Coordinador del Aula de Cine Jurídico del Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, como analista de películas jurídicas, introduciéndolas y moderando debates desde 2009, es todo un placer afrontar un filme de la calidad y el rigor jurídico de Algunos Hombres Buenos (Rob Reiner, 1992).

En la presentación del filme antes del pase, se contextualizó el filme dentro la trayectoria de Jack Nicholson. En las tres anteriores sesiones, habíamos visto tres títulos de la década de los años 70, década fundamental para el actor. En el ciclo, hicimos una elipsis respecto de la década de los 80, en la que obtuvo su segundo Óscar por interpretar al astronauta más mujeriego de la historia del cine en La Fuerza del Cariño (Terms of Endearment, EEUU, 1983), escrita y dirigida por su amigo James L. Brooks. En los 80, Nicholson tuvo la oportunidad de realizar dos trabajos muy interesantes junto a Meryl Streep, y en esa década, se reencontró con su cuñado John Huston, esta vez no como actor, sino tras las cámaras dirigiéndolo a él, a Katheleen Turner y Angelica Huston, con la que Jack tenía una complicadísima relación sentimental.

La década de los 90 comenzó para Jack Nicholson con una apuesta muy complicada, poco estimulante, que se supone iba a reverdecer carreras estancadas, y que se saldó con un fracaso estrepitoso. La decepción se llamó Los Dos Jakes (The Two Jakes, EEUU, 1990), La segunda película sobre el detective JJ Gittes, protagonista de Chinatown (EEUU, 1974), de Roman Polanski. La secuela ya había tenido un conato de producción en los 80, saldado con un gasto de 3 millones de dólares… sin haber rodado un solo plano. Repiten tres de los principales artífices de aquella: Jack Nicholson, que también dirige; El productor Robert Evans, en un desesperado intento de reverdecer viejos laureles; y el guionista Robert Towne, mejor script doctor que guionista en sí. Con Polanski se intentó volver a contar, pero después del episodio de presunta agresión sexual acontecida, precisamente, en la casa de Jack en los los años 70, el cineasta había eludido permanentemente su citación para su juicio en California, donde este delito es imprescriptible. Para contar con el cineasta polaco, había que filmar en Francia, cosa que era inviable por completo por razones presupuestarias.

El descarte de Polanski, que había otorgado el equilibrio necesario al filme original, y que agregó el desgarrador final que todos conocemos, se nota muchísimo en este regreso. Enormes reflexiones en voz en off, demasiados personajes que no llegan a gran cosa en la trama, una trama que es muy poco interesante. A ello hay que añadir que el filme no tiene ningún actor o actriz con gancho, como ocurría con unos memorable John Huston y Faye Dunaway en el filme original. Lo peor del filme dirigido por Nicholson, es que, cuando el pasado del personaje regresa, no lo hace con la sutilidad, presencia, impacto e intensidad que se le supo imprimir en el filme anterior. El fracaso crítico comercial de la apuesta enseguida se hizo notar. De un coste de 19 millones de dólares, sólo se recuperaron 10. Se abortó desde Paramount cualquier otro conato de acercamiento al personaje. Nicholson no ha vuelto a dirigir y la carrera de Robert Evans no se libró de una lenta e imparable agonía.

Una pieza teatral de 111 páginas y dos actos


Por otra parte, un joven graduado en Arte Dramático por la Universidad de Syracuse, Nueva York, trataba con gran tenacidad de hacerse un nombre en el mundo del teatro, principalmente como actor. El joven, tras mucho esfuerzo y compaginándolo con todo tipo de trabajos, consiguió escribir finalizando los 80, una obra teatral para Broadway, que se convirtió en un gran éxito de la escena, con representaciones por todo el país. Ese joven dramaturgo se llamaba Aaron Sorkin. Estaba destinado a convertirse en uno de los mejores guionistas estadounidenses del cine y la televisión de su país.

Sorkin es un hombre muy conectado al complejo y global mundo actual, sin perder de vista el pasado, y en especial a todo lo que concierne a la lucha por los derechos civiles de su país, acontecida en los años 60 y 70 principalmente. Es, además, un hombre que tiene “mentalidad de abogado” a la hora de escribir sus dramas. Dicho de otra manera, consciente de que el derecho y los tribunales forman parte de la vida cotidiana, siempre, de un modo directo o tangencial, coloca a sus personajes en más de un dilema o laberinto jurídico, como sello de la casa de las historias del brillante escritor.

La explicación a esto es muy sencilla. Sorkin procede de una familia de juristas. Su padre era abogado, experto en Copyright infrindgement, es decir, en casos de vulneración de Derechos de Autor. Su hermano y hermana también son abogados. Concretamente su hermana Deborah, pertenece al Cuerpo de la Abogacía General de la Marina de los EEUU (Judge Advocate General’s Corps – U.S. Navy; conocido también con las siglas JAG dentro de la marina), que es el servicio jurídico de la Marina de Guerra norteamericana. A Deborah le asignaron la defensa de un grupo de 10 marines de la base militar de Guantánamo, Cuba, acusados de participar, en un episodio de vejación, de un correctivo, es decir, de un Código rojo, a un soldado, que casi falleció. Hablando con ella de ese asunto, el futuro Show runner de series como El Ala Oeste de la Casa Blanca o The Newsroom, se le ocurrió la idea de escribir una pieza teatral que cuestionase la lógica y la moral de un cuerpo complejo como el militar, examinando y poniendo en el tapete las “costuras” de la justicia militar.

Cuando Sorkin terminó de escribir su obra, enseguida contactó con el legendario productor de cine David Brown (artífice de filmes como Tiburón, El Golpe, Veredicto Final o Camino a la Perdición), que al leerla compró los derechos para el cine, cuando no había sido aún estrenada en el teatro. Sorkin y Brown decidieron explotarla en el escenario. La primera representación se produjo el 15 de noviembre de 1989 en el Music Box Theatre de Nueva York, con Tom Hulce, (Amadeus), como Kaffee y Steven Lang (el villano de Avatar), en el papel del coronel Nathan R. Jessep. Durante las representaciones a lo largo del país, el joven dramaturgo, tuvo la oportunidad de reescribir y afinar el texto.

La obra de teatro de Sorkin merece ser leída. 111 páginas, divididas en dos actos, el primero termina con la frase del personaje de Kaffee, mirando a su alrededor justo después de la Audiencia Preliminar, diciendo aquello de “… De modo que este es el aspecto de un Tribunal de justicia…”, es decir, justo antes del comienzo de los actos preparativos de juicio oral, y el juicio en sí. La obra está provista de un dinamismo muy especial, pues unas escenas interrumpen a las otras, prácticamente se solapan, con juegos de luces y sombras para oscurecer una sección del escenario e iluminar otra, pasando así de una escena a la siguiente. A veces la pregunta de un personaje a otro sobre lo que dijo un tercer personaje, da lugar a ver a éste tercer personaje en el escenario, expresando lo que se preguntaba en la anterior escena.

José Manuel Mesa

La adaptación al cine


Tras una primera temporada de éxito, llegó el momento de adaptarla al cine. Por supuesto, el guion corrió a cargo del joven Sorkin. Cuando se confeccionó, en tiempo récord, Brown comenzó a moverlo por diversas distribuidoras que lo rechazaron cortésmente, hasta llegar a Rob Reiner, productor y realizador, copropietario del conglomerado Castle Rock Enterteinment. Reiner puso como condición para producirlo, también dirigirlo. Reiner, que había dirigido películas de cierto culto y éxito como Cuenta Conmigo, La Princesa Prometida o Cuando Harry Encontró a Sally, quería que le tomaran en serio en Hollywood, lo que significa dirigir películas importantes sobre grandes temas. El guion de Aaron Sorkin cumplía sobradamente esas expectativas.

Se contrató a William Goldman, prestigioso guionista, para reescribir el personaje de Daniel Alistair Kaffee, abogado, miembro del Cuerpo de la Abogacía General de la Marina de los EEUU, asignado a la defensa de los dos marines acusados en una corte marcial. El tratamiento de Goldman consistió en ensombrecer la trayectoria profesional del joven letrado, debido a la omnipresente figura de su padre, Lionell Kaffee, prestigioso jurista, que luchó por los derechos civiles de la gente de color, y que todo el mundo le menciona como un ejemplo a seguir. Este complejo arco argumental se crea con idea de interesar a Tom Cruise, que aceptó el papel en cuanto leyó el guion. La acreditación de Goldman, guionista de Dos Hombres y un Destino, Alguien voló sobre el Nido del cuco o Misery, figura en los títulos finales como consultor creativo.

El personaje del coronel Nathan R. Jessep se convirtió rápidamente en un personaje codiciadísimo para los actores de carácter en Hollywood, ávidos de emociones fuertes. Stephen Lang esperaba volver a encarnarlo, pero poco pudo hacer frente a nombres como Robert De Niro, Al Pacino, o James Woods. Reiner, sin embargo, quería a Jack Nicholson, pese a que éste le pidió 5 millones de dólares por las 4 ó 5 escenas que interpreta. A pesar de que su personaje aparece a partir de la página 27 del guion, figura el segundo en los créditos después de Tom Cruise.

La interpretación de Jack, que desató opiniones para todos los gustos, supuso una nominación al óscar al mejor actor secundario en la edición de los premios de la academia de 1993. Sobreactuado, papelón, merecida nominación… o no…y todo lo que se quiera. Lo que es indiscutible, es que el filme narrativamente gira en torno a su personaje, y el actor recita con rotunda brillantez, los mejores diálogos del guión, diálogos ya enquistados en el imaginario colectivo cinéfilo.

Jack también fue ese año nominado al Golden Raspberry quenomina y premia lo peor del año en Hollywood. Nicholson fue candidato por partida doble, con el filme de su amigo Bob Rafelson, Ella nunca se niega, ex aequo con Hoffa, un pulso al poder (Hoffa, EEUU, 1992), dirigida por su amigo Danny de Vito. No ganó ni uno ni otros. Es óscar fue para Gene Hackman por su memorable composición para el Western, Sin Perdón (Unforgiven, EEUU, 1992), de Clint Eastwood, y el Raspberry se lo arrebató Sylvester Stallone por Alto o mi madre dispara (Stop…or my mom will shot!, EEUU, 1993), de Roger Spottiswoode.

Sorkin y Reiner volvieron a coincidir en el filme sobre la alta política estadounidense, El Presidente y Miss Wade (The American President, EEUU, 1995), con Michael Douglas y Annette Benning. El filme, que es ante todo una comedia romántica, contiene las luchas de poder entre los dos principales partidos de EEUU, y los entresijos de la Casa Blanca (a los que regresaría), como fondo dramático.

“Magia” en la Sala 1 de Multicines Tenerife


En el film de Rob Reiner Algunos Hombres Buenos (A Few Good Men, EEUU, 1992), el fiscal Jack Ross (Kevin Bacon), después de comentarle al jurado en su Opening Statement (Alegato inicial) cuales son los hechos del caso, previene al jurado de que el teniente Kaffee (Tom Cruise), va a intentar hacer “magia”, que no va a poder rebatir los hechos, pero que ese intento, hará divertidas las sesiones del juicio oral.

Pues bien, en la cuarta sesión del ciclo dedicado a Jack Nicholson, a propósito del filme de Reiner, tuvimos auténtica “magia” en el debate posterior a la proyección. La sesión del miércoles 24 de octubre de 2018 debe de ser recordada, como testigo de uno de los más apasionantes y rigurosos debates que hemos tenido en el Aula de Cine de la ULL. Tuvimos auténticas clases magistrales por parte de los invitados a la mesa de debate, con muy atractivas y estimuladas participaciones del público asistente. Contamos con:

  • Gladys García Acosta: abogada en ejercicio Profesional, Cinéfila. Estuvo en algunas de las sesiones que el Aula de Cine de la ULL en coordinación con el Aula de Cine Jurídico del ICATF celebraron en septiembre y octubre de 2016.
  • Santiago Yanes Pérez: abogado en ejercicio Profesional, Co-Coordinador y CoFundador del Aula de Cine Jurídico del ICATF, junto con quien escribe estas líneas. Todo un experto en cine Jurídico, analista de filmes de ese contenido y experto entre otros campos, en la trayectoria de la mujer jurista en el cine. Santiago es igualmente Doctor en Derecho.
  • Antonio Herreros: militar Reservista, Teniente del ejército del aire y Periodista del Rotativo La Opinión. Antonio conoce muy bien la lucha contra el Yihadismo y el momento actual de los conflictos militares internacionales.
  • Luis Pérez Gil: profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la ULL y Oficial en la reserva del Estado Mayor de la Defensa. Luis es igualmente Doctor en Derecho y un gran conocedor del orden geopolítico actual.

Charlas de Cine

El debate fue muy enriquecedor. Lecciones magistrales de Derecho Internacional, en torno a la historia de Guantánamo, primero como base naval estadounidense, luego como presidio, a partir del 11 de Septiembre de 2001. Guantánamo se ha convertido en un auténtico sumidero de los derechos fundamentales de los allí detenidos, sin causa abierta y sin juicio a la vista. Como Antonio señaló oportunamente, habría que verse en las riendas de un país, que en un solo día sufrió el más terrible atentado de su historia, con más de 3000 vidas cercenadas. Antonio señaló la propia evidencia, en algunos casos, ha dado la razón a sospechas estadounidenses, como en el caso de “el Ceutí”, quien, absuelto por el Tribunal Supremo de EEUU, fue detenido cinco años después en Ceuta, por la Policía Nacional Española, reclutando Yihadistas.

También se debatió y mucho sobre la obediencia debida, como circunstancia a tener en cuenta a los efectos de dar cumplimiento a la orden de un superior, tanto en tiempo de paz, como de guerra. Un muy polémico tema introducido oportunamente por Juan Gerardo Rodríguez Martín, abogado y cinéfilo.

Santiago Yanes, razonó y apuntó un tema apasionante: las restricciones que, según se exponen el filme, tienen los letrados del Servicio Jurídico de la Marina en EEUU para abordar libremente una defensa penal en el ámbito de la jurisdicción Militar. Los Juristas no podemos pasar por alto, que en el filme el Abogado Daniel Kafee no puede insinuar, y mucho menos dirigir una defensa, sin la más mínima prueba, hacia la dirección de que el Coronel Nathan Jessep ordenase el denominado “Código Rojo”, o acción disciplinaria, como causa de justificación, o como argumento exculpatorio para sus clientes. En el orden jurisdiccional militar estadounidense, un abogado defensor no puede ni si quiera insinuar algo que pueda “ensombrecer” la reputación de un oficial como el coronel Jessep, propuesto para formar parte, nada menos, que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Las consecuencias para el letrado de la defensa de tal acción, se las expone el fiscal Ross, en una secuencia distendida, pero donde Ross le dice a Kaffee “Voy a actuar como tu propio abogado” a la hora de aconsejarle que no lo haga. Consejo de guerra para el letrado, y el acompañamiento de esa “mancha” para cualquier solicitud de trabajo que realice. Este conflicto no ocurriría en España, donde los abogados defensores son contratados de manera particular o designados de oficio, pero siempre completamente externos e independientes a la jurisdicción militar española, que no tiene un cuerpo de abogados defensores. Ello se traduce en mucha hostilidad, no respecto al trato personal, que siempre es exquisito, pero sí respecto a las solicitudes de defensa tanto ante fiscalía como ante el tribunal. También se traduce en que los letrados tenemos plena libertad para estructurar la defensa ante el Tribunal Togado Militar que queramos sin la limitación que expone el filme.

Yanes desplegó igualmente sus vastos conocimientos sobre cómo la consideración en el cine Estadounidense, salvo excepciones, consolidó a la mujer jurista a partir de la década de los 90, siendo el filme de Reiner escrito por Sorkin, bastante pionero en algo que hoy es una realidad palpable. Se resaltó el personaje interpretado por Demi Moore, un personaje, a juicio de todos los contertulios, muy interesante. Jo Ann Gallway, Teniente de Corbeta de la marina de los EEUU, Abogada de la Auditoría Militar de la Marina, es decir, pertenece al cuerpo que supervisa la labor de los abogados militares, es decir el “Asuntos internos” de la abogacía militar.

Además de las consideraciones de carácter Internacional, se reflexionó sobre los asesinatos selectivos y extrajudiciales a través de los drones, y su protocolo, como instrumento fundamental para combatir el terror Yihadista (precisamente por la forma que el Yihadismo tiene de combatir), en qué momentos hay que utilizarlos, así como las consecuencias jurídicas y políticas de los mismos. Algo maravillosamente expuesto en el filme Espías desde el cielo (An Eye in The Sky, Gran Bretaña, 2015), de Gavin Hood, un filme excelente, de obligado visionado, junto a Good Kill (EEUU, 2014), de Andrew Niccol. Dos filmes maravillosos que exploran y cuestionan este tema de los asesinatos selectivos a través de aviones no tripulados.

Finalmente, se debatió sobre la estrategia procesal desplegada en el filme. Por un lado, se destacó, como desde los Servicios Jurídicos de la Marina se selecciona a Kaffee para la defensa, teniendo muy en cuenta su trayectoria. 9 meses de experiencia (no es demasiado bagaje) y 44 casos que el letrado ha sellado con lo que los anglosajones denominan, plea bargains, es decir, con acuerdos con la fiscalía, consiguiendo los mejores tratos para sus clientes, previo reconocimiento de responsabilidad penal. Casos que al llegarse a acuerdos preliminares, jamás han pisado un tribunal de justicia. Es lo que comúnmente se llama en la justicia penal española, conformidades. Frente a este historial, Galloway es descartada para la defensa de los dos jóvenes, pese a que se postula, porque apenas ha llevado tres casos en dos años y ha invertido, por ejemplo, un tiempo de 9 meses en un juicio donde su cliente sólo se jugaba 15 días de reclusión.

Demasiado reivindicativa y, por tanto, problemática. Por ello está recluida a labores de supervisión de la actividad de otros. Es evidente que no interesa para este caso a alguien combativo, sino a alguien que llegue a un acuerdo rápido, para no molestar al todopoderoso coronel Jessep.

Ello nos llevó a la estrategia procesal de citar a Jessep a estrado para tratar de “arrancarle” la confesión de que ordenó el Código Rojo y por tanto los dos marines acusaron no tuvieron otra opción que obedecer la orden. Gerardo y Gladys estuvieron completamente de acuerdo en que, si ellos hubiesen sido los letrados del caso, en modo alguno habrían citado al personaje. En la película queda muy bien y se justifica maravillosamente a nivel narrativo. La historia así lo pide. De hecho me atrevo a asegurar que sin la comparecencia de Jessep al tribunal prácticamente no hay película.

La realidad a pie de tribunales desaconseja esa citación. La máxima no cites a un testigo que no puedes controlar, ni preguntes lo que no sabes cómo va a ser respondido, y teniendo en cuenta las repercusiones para la defensa que puede traer ya expuestas, ponen de relieve la conclusión de la mesa. Ninguno de los letrados presentes en el debate tuvimos la menor duda de que no hay que citar a Jessep.


Gracias a tod@s los que pudieron hacer un hueco para comparecer, gracias a Juan Gerardo Rodríguez Martín, a Manuel Díaz Noda y a Jennifer Valverde, entre otros, por sus estupendas intervenciones.

Iremos publicando la visión individualizada de la sesión del 24 de octubre, en forma de artículos escritos por cada uno de los contertulios, para preservar gran parte de las reflexiones que se compartieron.