‘Juego de Tronos’, reflexiones sobre el poder y el caos

Juego de Tronos, (2011)

La Universidad de La Laguna acogió el 4 de octubre la charla Juego de Tronos: poder y fantasía en el universo catódico de Poniente, impartida por el periodista y director de Ediciones Idea, Francisco Pomares. Esta se incluyó dentro de las jornadas del seminario Nuevo auge de las series de ficción, que se celebra hasta el próximo día 8 en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación.

Apasionado del cine y los cómics, Pomares, sin dilación y muy puntual, empezó a hablarnos de la importancia que ha tenido una de las series con más seguidores en los últimos años. Lo cierto es que tanto la serie como la novela han supuesto una reflexión constante sobre la sociedad occidental actual. Un curioso mestizaje entre la fantasía y la realidad que ha hecho las delicias de millones de lectores y espectadores.

Las innumerables semejanzas entre la ficción que propone George R.R. Martin y nuestra actualidad ha hecho que gran parte del público se vea atraído, no sólo por la estética y cuestiones de narrativa fantástica, sino también por la constante reflexión que se hace sobre la política y el poder, temas cada vez más candentes en nuestra sociedad a partir de la crisis económica mundial.

El poder y la legitimidad


Después de una introducción donde Pomares menciona que Juego de Tronos (2011) es un híbrido de géneros, donde destaca que la serie podría ser la mezcla entre Los soprano (David Chase, 1999) y El señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001), el comunicador decidió centrarse en una constante del afamado autor de las novelas: la búsqueda del significado del poder.

¿Qué es el poder? La serie, según el periodista, gira en torno a esta idea base, la cual origina más cuestiones que a su vez dan carisma y vida a los personajes: ¿Quién se merece el poder? ¿Los hombres con moral merecen gobernar en un mundo sin moral? ¿La legitimidad da poder?

El profesor habló de varios personajes para que veamos con claridad cómo entienden el poder cada uno de ellos. A su vez puso a la audiencia en situación explicando el mensaje que comunica la serie cuando la cabeza de Ned Stark -hombre íntegro y bondadoso con buena ética y moral- es cortada y pinchada en un palo a ojos del rey Geoffrey, un ser egoísta y avaricioso que lo único que desea por encima de todo es el poder por el poder. Pomares dejó claro que el mundo que pretendía Stark no existe y que la historia de Juego de Tronos nos grita que la política, al menos en Poniente, no iba a ser moral.

Ese pesimismo que se respira en la serie desde este momento empatiza al instante con un público que vive en un contexto social en crisis. Ya no sólo económica, sino también cuando la corrupción en la política es cada vez más latente.

Juego de Tronos, (2011)

El carácter moral -y difuso- de los protagonistas hace que el espectador tenga que escoger a unos u otros para gobernar, pero siempre con el miedo de la posible corrupción y traición del personaje. Se crea aquí el principal debate de la serie y de nuestra sociedad desde hace siglos: ¿Quién se merece gobernar? ¿Quién se merece el poder? La serie pone así al espectador en una tesitura interesante en tiempos que concuerdan con la realidad, donde aún no sabemos qué partido político debe gobernar.

Pomares, después de analizar el paso de personajes como Khalesi o Cersei, mujeres que luchan de diferente manera por el poder en tierra de hombres, expuso que hay que diferenciar el concepto de poder y el de legitimidad. La producción plantea diferentes maneras de búsqueda de poder para hacernos esta pregunta: ¿La legitimidad da poder? Con el ejemplo de Khalesi, Pomares insistió en la prueba de que el poder se gana, y sin poder no hay legitimidad.

El caos no es un foso, es una escalera


Para finalizar la charla, el ponente comentó una de las escenas más importantes de la serie, en la cual se encuentran los personajes de Lord Varys y Meñique reflexionando sobre el caos. Este último termina el diálogo diciéndonos que el caos puede ser una oportunidad para ascender, algo que, relacionándolo una vez más con el paradigma actual, se ha visto en algunos políticos que se han aprovechado de la debacle que ha supuesto la crisis en estos años -el fenómeno del populismo y el ascenso de la ultraderecha, por ejemplo-. Meñique representa así el personaje meticuloso y manipulador que no se deja llevar por las pasiones y se aprovecha del desborde de la de otros para ascender y cumplir sus objetivos.

Al fin y al cabo, toda la serie es un homenaje al caos y lo que viene después del mismo. Cómo algunos lo aprovechan para ascender y otros se engullen en un foso sin fin.

Con esta última reflexión, Pomares agradeció la asistencia con un aplauso caluroso de un público que salió de la Sala de Grados de la Facultad de Periodismo con ganas de que llegue la 8ª temporada de esta magnífica serie.