‘Encuentros en la Tercera fase’ (1977), el éxito rotundo de Fimucité

Encuentros en la tercera fase (Foto Aarón S Ramos)

“Este concierto abre un nuevo capítulo en la historia de la ciudad”, así de exultante se mostraba Diego Navarro, director y fundador de Fimucité, la noche del viernes tras el éxito rotundo del concierto Encuentros en la Tercera fase. Live show picture. Un hito musical que desplegó durante sus más de dos horas de espectáculo las cualidades artísticas y meritorias de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, el Tenerife Film Choir y el Coro Polifónico de la Universidad de La Laguna, dirigidos por Juan Ramón Vinagre.

El público, de todas las edades y estilos, llenó el patio de butacas del Auditorio de Tenerife en la premère española del concierto, una experiencia que orquestó el clásico de Steven Spielberg y el compositor John Williams. Estrenada en 1997, la historia narra la anodina vida de Roy Neary (Richard Drefuss), un trabajador de la compañía eléctrica de Indiana que contacta con un objeto volador no identificado (OVNI). No obstante, no es el único que experimenta estas alucinaciones y, junto a su nueva compañera de aventuras, Jillian Guiler (Melinda Dillion), quien ha perdido a su hijo Barry tras ser abducido por los extraterrestres, emprenden un viaje hasta la Torre del Diablo en Wyoming para encontrar las respuestas que cambiarán sus vidas para siempre.

La ciencia ficción en las Islas


Las tres pantallas del recinto expusieron la obra mientras Navarro, al frente de la Orquesta, hacía un ejercicio de enorme precisión y contención para estar en perfecta sincronización con las imágenes durante su proyección. Una de las primeras sorpresas que se lleva el espectador es la sutileza con la que se fusiona la banda sonora con la película, incluso en directo y contemplando el entramado que se construye. Ni un segundo más, ni un segundo menos, Navarro controlaba al milímetro la entrada de los músicos, quienes permanecían atentos a la batuta.

Diego Navarro (Foto Aarón S Ramos)

Así, uno viajaba entre los sonidos metálicos de los trombones, las trompetas y los bajos tonales que despertaban sentimientos como la extrañeza, la curiosidad o el miedo que supone descubrir que hay algo más allá. La música nos hace partícipes de las emociones que desprenden el equipo actoral, lleva un paso más allá la intensificación de la dramatización y, aunque sé que lo que les cuento no es nada nuevo: la magia se estaba produciendo.

Ante nuestros ojos pasaban las luces de los platillos volantes, ocres, naranjas y de un rojo intenso que, a la vez que quemaba el rostro de quienes lo contemplaban, se acercaban al público tinerfeño. A su vez, Barry, el niño que corretea por las calles en busca de sus nuevos amigos, hizo sentir la angustia como una sacudida llena de efectos sonoros y dispares que se llevaban lejos, tan lejos como inalcanzable en un secuestro que mantenía la expectación.

La música como lenguaje universal


Cuarenta años después, Encuentros en la tercera fase sigue conservando la misma frescura que la convirtió en un hito en su día. Además, en 2007 fue considerada para su conservación en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos así como en la National Film Registry. Y si bien sus efectos especiales no fueron premiados con un Oscar, sí que lo fue la fotografía realizada por Vilmos Zsigmond, con la que pudimos apreciar la inmensa nave espacial que se sitúa tras la Torre del Diablo y que empieza a comunicarse con el equipo científico a partir de notas.

¿Será este el lenguaje que despeja las incógnitas con otros especímenes: la música? En homónimos del género como la saga de Star Wars (George Lucas), Wall-E (Andrew Stanton, 2008) o La llegada (Denis Villeneuve, 2016), se experimentan con distintos códigos para establecer lo que sería un posible contacto entre estas formas de vida y los seres humanos, muchos de ellos influenciados por la larga estela que ha dejado el legado de John Williams. Todo un reto para la Sinfónica de Tenerife, que trasladó la maravilla y el acercamiento de un film, de unos planos pueden trascender más o menos entre cada espectador pero a cuya partitura no se puede resistir.

La ovación llegó, llenó y se mantuvo incansable durante los más de cinco minutos en los que los espectadores se mantuvieron de pie, mostrándoles así su admiración y orgullo al hercúleo trabajo de los que han hecho posible que se produzca un acontecimiento de tal calibre en Tenerife. Un Diego Navarro visiblemente emocionado dio las gracias a su público: “La verdad está ahí fuera”, proclamó, y, sin duda, la música nos ayudará a descubrirla.

 

  • Foto: Aarón S. Ramos – Fimucité.