Diego Navarro: “En Fimucité lo damos todo y más”

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Nacido en 1972, el tinerfeño Diego Navarro desarrolló desde sus primeros años un exquisito gusto por la música clásica y un virtuosismo casi innato. A los 21 años se puso al frente de una orquesta por primera vez y, desde entonces, orientó su carrera a la interpretación y la escritura de bandas sonoras de películas. Bajo sus batutas se gestó, por ejemplo, la música de la ganadora del Goya Atrapa la bandera (Enrique Gato, 2015). Entre su repertorio de colaboraciones y galardones internacionales, llama la atención su regreso a las Islas con un proyecto pionero: el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife. Ha editado con Varèse Sarabande, importante sello discográfico hollywoodiense, ha interpretado las partituras de grandes maestros de la talla de Hans Zimmer y se ha puesto a la cabeza de la Orquesta Sinfónica de París, entre otras muchas. Su último proyecto, El fotógrafo de Mauthausen, dirigida por Mar Targarona y protagonizada por Mario Casas, aún está por estrenar.

Usted estrena su primera obra como compositor ante el público con tan solo 13 años. ¿De dónde surge esta temprana vocación musical? “Se podría decir que fue la propia vocación la que me eligió a mí. Desde muy pequeño había sentido una gran atracción hacia la música y empecé a escribir mis primeras partituras aún siendo un crío. En mi entorno familiar, afortunadamente, siempre pude disfrutar de muy buena música, en especial de la clásica. Mi padre, aparejador de profesión, había estudiado piano en el Conservatorio, mientras que mi madre, pese a que era ama de casa, se decantó por el canto. No obstante, en ningún momento me sentí empujado a convertirme en un profesional de este campo, al contrario, fue algo que nació de mí. Supongo que esa superdotación musical y creativa fue innata y no quedó otro remedio que dejar que se expandiera”.

¿Cuándo se da cuenta de que su carrera está ligada a la cinematografía? “La relación entre la imagen y la música siempre me ha fascinado. Desde mi más tierna infancia, desarrollé un gusto exquisito por la música para el cine: era algo que me hacía vibrar. Junto con las pieza de los grandes nombres de la música clásica (Bach, Mozart, Beethoven y Stravinsky, entre otros), el lenguaje musicoaudiovisual me marcó personalmente. En cuanto a mi carrera, tenía claro cuál era mi sueño: no solo quería componer música, sino ganarme la vida con ello. Aunque también he cultivado otros géneros desligados de la industria audiovisual, está claro que poder empezar a coleccionar mi propia filmografía fue todo un aliciente. Además, soy de los que opinan que una película sin una buena banda sonora, no es una película. La música forma parte del cine desde que se inventa el cinematógrafo: es imposible disociar ambos elementos”.

¿Cree que, en Canarias, el éxito en el ámbito musical está necesariamente ligado al exilio de los isleños? Es una gran pregunta. Me gustaría poder decir que no, pero lo cierto es que, en gran medida, ser isleño condiciona muchísimo a todos los niveles. Llegado el momento, es necesario marcharse. En mi caso, comencé mis estudios aquí, pero una vez entrado en la veintena, decidí salir para empaparme de nuevas experiencias. No solo eso, sino que me propuse realizar un doble tirabuzón invertido: regresar a mi hogar. Es decir, una vez hube ganado en conocimiento, me dispuse a construir desde la Isla importando los modelos que aprehendía”.

“Hubo momentos en que creíamos que Fimucité iba a desaparecer”


¿Cómo y por qué nace Fimucité? “Fimucité nace para ocupar un nicho que había en el Archipiélago y hacer realidad una iniciativa lúdica, pedagógica y artística. En todo el mundo podemos encontrar casi a diario festivales de música, sin embargo, cuando nos concentramos en música para el cine lo cierto es que son una auténtica rareza. En realidad, los profesionales de esta industria no están acostumbrados a interpretar este tipo de piezas en directo. Por lo general, nosotros grabamos en estudios con orquesta y ya está. Disfrutar de esta música en una sala de concierto con una audiencia es algo excepcional, ¡un privilegio y una necesidad!”

Y desde el primer momento, el éxito, ¿no es así? “Había lista de espera con artistas de primer orden para asistir. Fue un hito tremendo. Hasta el momento se habían celebrado congresos y conciertos aislados, pero nunca algo parecido. Nuestro festival, por nuestros contenidos y nuestra estructura, fue pionero. Una noche, cenando en Malibú y compartiendo una copa con un gran amigo mío, me dijo: ‘Me encantaría poder compartir un escenario contigo’. Aquel colega era Don Davis, compositor de la banda sonora de la trilogía Matrix, a quien le guardo un profundo respeto y una gran admiración. Ese sueño lo hicimos realidad en el acto de clausura del primer Fimucité, en 2007. Fue un concierto histórico”.

¿Cómo fue el procedimiento para implementar el Festival? “Al principio no fue nada fácil, nos costó trabajo que se entendiera el concepto. Sin embargo, cuando lo propuse al Cabildo de Tenerife, que es nuestro principal patrocinador desde entonces, les encantó el proyecto y apostaron por él. Es cierto que hemos pasado por momentos muy duros, teniendo en cuenta que arrancamos justo antes del estallido de la crisis. Hubo períodos en que pensamos que el festival iba a desaparecer. No obstante, con sacrificio y esfuerzo hemos conseguido sacarlo adelante, mantenerlo y reforzarlo. Hoy en día es todo un referente mundial”.

“Me hubiera gustado ver a John Williams conduciendo para Fimucité”


Usted ha viajado alrededor del mundo. ¿Por qué decide convertir Tenerife en el enclave de este encuentro internacional? “Pese a que existe toda una batería de inconvenientes a priori, derivados de la lejanía y la situación geográfica, la realidad es que adoro mi Isla y mi tierra; me siento chicharrero al 500 %.  Es cierto que de vez en cuando necesito airearme, pero no puedo resistirme a la fuerza telúrica del volcán y al océano: siempre acabo regresando. Siendo consciente de esto, decidí convertir Tenerife en un centro neurálgico de la música de cine a nivel mundial”.

¿Quién tiene mayor peso en el Festival: los propios músicos canarios o los artistas invitados? “Ambos. El matiz internacional es evidente, es lo que nos caracteriza: el enorme prestigio. Por esta razón, es preciso traer invitados de reconocida reputación, es una de nuestras máximas. Por otro lado, como tinerfeño soy consciente de que Fimucité es una plataforma que sirve para promocionar los nuevos talentos del Archipiélago, un trampolín para los artistas de la tierra y un foro en el que se pueden expresar”.

¿A qué figura de éxito internacional le gustaría ver, interpretando o conduciendo, en futuras ediciones del Festival? “Hubiera sido un enorme privilegio contar con John Williams, pero está muy mayor. Es cierto que anualmente viaja a Europa para celebrar algún concierto eventual, pero no es habitual que realice viajes internacionales. De todos modos, en 2010 grabamos un vídeo en el que agradecía personalmente el premio Fimucité que le entregamos. Conoce Tenerife y el Festival, y conserva nuestro galardón junto a sus cinco Óscar. Lo que es más, su música será el plato fuerte de este año: es él quien firma la banda sonora de Encuentros en la tercera fase”.

Encuentros en la tercera fase: un evento histórico


¿Qué novedades encontraremos en la presente edición? “La novedad más destacada, además de la gran variedad de conciertos (¡suman nueve entre escolares y oficiales!), es la proyección de Encuentros en la tercera fase. Es el primer live to picture en Canarias, lo que lo convierte en un evento cultural absolutamente histórico. Tanto es así, que es la tercera vez en el mundo que este largometraje se presenta de forma simultánea a su banda sonora, en este caso, interpretada en directo por la Sinfónica de Tenerife. Esto entraña un desafío enorme tanto para el equipo artístico como para el técnico, ya que hay muchos profesionales extranjeros que han de desplazarse al Auditorio. En pasadas ediciones hemos querido preparar a la audiencia presentando breves secuencias con su correspondiente música en vivo, pero nunca antes nos hemos arriesgado con un filme completo”.

Imagino que compaginar su carrera como compositor con su faceta de director del Festival es complicado… “Es extraordinariamente complejo. Mi principal obsesión es componer, pero también me fascina la dirección de orquesta y la del Festival. Además, se me acumulan los proyectos, ja, ja, ja. Próximamente se estrenará El fotógrafo de Mauthausen, una producción enorme que narra un capítulo esencial de la Historia de España y es toda una responsabilidad ponerle música. Es primordial la organización del trabajo, aunque a veces es sumamente extenuante. Requiere de una inversión de tiempo y energía de proporciones astronómicas”.

¿Cuántas ediciones de Fimucité nos esperan en los próximos años? “La verdad es que nunca me lo había planteado. Celebrar la duodécima edición ya es todo un orgullo y no sé cuántas más nos deparará el futuro, supongo que hasta mi espalda y mi cabeza aguanten. Mi carrera como compositor cada vez me toma más tiempo, tengo muchas ofertas de proyectos y largometrajes, por lo que se hace muy difícil compaginarlo. Por suerte, tengo el mejor equipo que un director podría desear y es muy importante delegar. A día de hoy, espero que esto continúe sin la necesidad de comprar un billete de vuelta. Dejo el camino completamente abierto”.

“Las mujeres son una parte fundamental en la industria, es una cuestión de justicia contar también con ellas”


Laura Karpman, Kimiko Ono y Esther Ovejero son solo algunas de las artistas que participan en esta edición de Fimucité. ¿Esta selección surge de forma natural o es algo premeditado? “Desde el principio, y en especial durante los últimos años, hemos potenciado la presencia de la mujer en el Festival porque existen y son fundamentales aunque las industria las tache. En Batman (Burton, 1989), aunque Danny Elfman se llevó todo el mérito, en realidad fue una mujer, Shirley Walker, quien orquestó sus partituras. Desde Fimucité, por ejemplo, quisimos reconocer su carrera al premiarla con un póstumo título honorífico que recogió una de sus pupilas, Lolita Ritmanis, quien también fue la primera mujer en dirigir a la Sinfónica en Fimucité. Por tanto, desde siempre hemos querido darles visibilidad más allá del reclamo surgido por la ola feminista. Es una cuestión de justicia. Ni más ni menos”.

¿Cree que la música clásica está pasando por un buen momento? “El primer error es considerar la música de Fimucité como música clásica. En realidad, es música sinfónica contemporánea.  La música de Mozart es clásica, pero la nuestra es tan moderna como cualquier éxito reciente del pop español. Por esa parte, Fimucité también desempeña una labor instructiva: pretendemos desprendernos de todos los prejuicios y tópicos. La música de cine constituye un género en sí mismo, es muy descriptiva y cuenta con su propia sonoridad; al final, consiste en traducir imágenes en notas. En definitiva, este tipo de música es tan actual como Despacito. La única diferencia es que está bien escrita”.

¿Cree que ficciones como Mozart in the Jungle enturbian el mundo de la música de orquesta o, por el contrario, invitan a los jóvenes a conectar con ella? “Solo ver los gestos aleatorios de Gael García Bernal como director de orquesta ya me echaba para atrás. Lo ideal hubiera sido dar con un mejor asesor o buscar otro actor que ya tuviera alguna noción. Hay cosas que un profesional no se puede creer, algunos topicazos muy inverosímiles. Este tipo de fallos me animaron a dejar de verla. Cierto es que bebe de experiencias reales de cualquier orquesta sinfónica, pero por lo general se centra en los conflictos sociales de sus personajes. Al final, el contexto musical y la Orquesta de Nueva York se emplean como un mero telón de fondo”.  

¿Algún consejo para aquellos que aún tienen dudas con el género? “Que vengan a Fimucité. Cada año viene gente que coge tres o cuatro aviones para vivir la experiencia. Por algo será. Para nosotros, que lo tenemos a golpe de tranvía, es todo un privilegio. Por poner un símil, es como si fuéramos cinéfilos acérrimos y Cannes se celebrara al lado de casa. Fimucité es un proyecto sin parangón fruto de la dedicación y la pasión: lo damos absolutamente todo y más”.