“El círculo” en el que vivimos

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Tan predecible como monótona. Dirigida y guionizada por James Ponsoldt, (“Aquí y ahora”, 2013; “Tocando fondo”, 2012), “El círculo” está inspirada en, su homónima, la quinta novela de David Eggers, escrita en 2013. Una producción americana que dura 110 minutos y que no dice más de lo que ya sabemos. Internet ha invadido a nuestra sociedad. La fusión entre las empresas, que para estar al día tienen que virtualizarse, consigue con mucha rapidez apoderarse de la identidad e intimidad de las personas que, por la necesidad para  acceder a muchos servicios, están en la obligación de facilitar sus datos más personales.

Emma Watson, (“Harry Potter” y “La Bella y La Bestia”), interpreta a Mae, una chica de pueblo que trabaja en un call center y que vive al margen de la tecnología hasta que es contratada por una gran empresa que acapara todos los servicios que se pueden ofrecer a través de la red. La protagonista se convierte en una empleada aventajada que al principio accede a compartir su vida con los usuarios, como en la actualidad lo hacen una gran cantidad de los mortales. El punto álgido llega cuando una desgracia causada por el mismo uso de los soportes informáticos, como también ocurre en la vida real, la hace reflexionar sobre lo que en un principio la deslumbró. Lo que parecía toda una aventura, se convirtió en una pesadilla.

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Cuenta dentro de su reparto con actores de la talla del oscarizado Tom Hanks (“Forrest Gump”, “Naúfrago”, “Salvar al soldado Ryan”, “Capitan Phillips”…)   y otros más jóvenes como  John Boyega “Half of a Yellow Sun” (2013); “Imperial Dreams” (2014); “Star Wars: Episode VII – The Force Awakens” (2015).  La presencia de Hanks no consiguió hacer brillar la producción porque los milagros no existen. Una verdadera pena desperdiciar tanto talento en una trama tan pobre. El filme dio la sensación de estar temeroso de ahondar en los verdaderos problemas y solo se quedó en la superficie. Los dilemas se resuelven con una tibieza indigna del conflicto real, porque desafortunadamente lo que la producción narra no es producto de la ficción, aunque esté catalogada dentro de este género, sino de una realidad que amenaza con destrozar algunos de los bienes más preciados del ser humano: la intimidad, la seguridad tanto física como moral o la confidencialidad, entre otros.

Con música de Danny Elfman y fotografía de Matthew Libatique, las productoras Image Nation, Likely Story y Playtone hicieron una apuesta que se ha quedado como una mezcla entre “Black Mirror” y “Silicon Valley” según muchos. Está muy lejos de ser una buena película, a pesar de que su director aseguró que le pareció “escalofriante, gracioso y asombrosamente acertado en cuanto al planteamiento de cómo unos ideales utópicos podrían dar paso a un Estado invasivo y controlador casi sin que nos demos cuenta”. Parece que se quedó en los 80’s, porque hace tiempo que la tecnología y los que la manejan, nos poseen.