Un hombre lobo americano en Londres (1981)

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Con la llegada de la luna llena, el hombre lobo ejecuta su faena…

…Y llegó la noche. David y Jack, en su aventura mochilera, necesitan refugio.  Ignorados por los vecinos de aquella pequeña localidad deciden buscar cobijo en otra parte, inconscientes del peligro que acompaña aquella gélida noche en el páramo…

Charlas de cine, en colaboración con el Aula de cine de la Universidad de La Laguna, han hecho posible la proyección de esta película el pasado día 4,  en el Ciclo de Terror que se ofrece en Multicines Tenerife durante el mes de noviembre. La película, dirigida por John Landis y ganadora del Oscar a mejor maquillaje en 1982, mezcla durante 97 minutos de duración ingredientes de terror, amor, humor y comedia, ofreciendo al espectador una versión diferente a la típica producción de terror que nos hace dormir con la luz encendida.

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Los efectos especiales a cargo de Rick Baker merecen ser destacados por la dificultad de su ejecución, teniendo en cuenta que en 1981 no existían los adelantos tecnológicos con los que se cuenta en la actualidad. El esfuerzo para escenificar la forma en la que  David se convierte en hombre lobo pierde efecto ante la imposibilidad de ver la transformación del hombre lobo en David; toda aquella escena  va en sentido unilateral dejando al espectador con la sensación de “me falta algo”.

El factor romántico, materializado en la escena de la ducha, desemboca en una relación relámpago que hace sentir a Alex  un amor inmediato por aquel extraño, al punto de ser capaz de arriesgar su vida en la última escena. Por otro lado, detalles como las balas de plata  pierden protagonismo; zoológicos y salas de cine como escenarios destacados, gente que ve peligro y en vez de alejarse se acerca curiosa como el que quiere comprar en las rebajas,  personajes putrefactos, muertos que hacen recomendaciones y un sinfín de detalles, dan al argumento un aire diferente al que las producciones de este género nos tienen acostumbrados.

Esta producción licantrópica,  pasa a la historia como un clásico que sin llegar a ser un gran éxito, ni contar con un gran reparto consigue dejar huella en la audiencia y debe ser cita obligada de las nuevas generaciones.  Una experiencia que nos traslada al pasado y nos permite comparar con el presente la manera  maravillosa en la que ha evolucionado la industria cinematográfica a través del tiempo.